22 de septiembre de 2013

Cap. 5 El concierto (II)

Y allí estaban. Corriendo por el pasillo que les llevaba hacia el escenario. Radiantes, sonrientes…con ganas de empezar.

El público empezó a enloquecer, a gritar, a chillar, a saltar...era todo una auténtica locura.
Casi que no se les podía oír. Solo un pequeño chirrido de guitarras y de platillos. 

Me estaba empezando a dar un gran dolor de cabeza. Fue entonces cuando reafirmé el rumor de sus conciertos; gritos, gritos, y más gritos de niñas alocadas.

Empezaron a tocar su más que famoso Twist & Shout que, sin embargo, era más conocido por ellos que por sus propios autores.

Y los gritos seguían. No paraban. Cada vez eran más intensos y casi que no se escuchaban ni sus voces.
Tras un poco de rock and roll, vinieron unas cuantas baladas, más lentas, y los gritos cesaron, pero no por ello terminaron, algo que, agradecí.

Entonces, Paul empezó a cantar Till There Was You.

There were bells on a hill
But I never heard them ringing
No, I never heard them at all
Till there was you
...

Entonces ocurrió. Sin saber de qué manera, mis ojos se clavaron en él. En aquel chico de la fila de enfrente. Justo el mismo sitio que el mío, pero en el lado contrario.
Y así nos quedamos varios minutos. Mirándonos, sin saber que ocurría alrededor. Mientras la música sonaba y esa letra, esa canción...¡DICHOSA CANCIÓN!...dichosos esos ojos que se me clavaron en el alma.

De todos los asientos, de todas las filas del teatro, tenia que estar él allí. Maldito Dylan. Malditos tus preciosos ojos. Maldita tu sonrisa...

Agaché la mirada. No podía más.

J: Voy un momento al baño, enseguida vuelvo. -le dije a Lilly, que estaba gritando y saltando al ritmo de los cuatro de Liverpool.
Li: Vale vale, te guardo el sitio.-dijo.

Salí de aquel recinto y andé en busca del baño. Aquello estaba un poco oscuro, pero con la suficiente luz para saber por donde andabas. El edificio era digno de una película de terror. De condes que son vampiros, de prepotentes ricachones que viven solos y aislados en su propia mansión...


Iba caminando, cuando de momento un brazo fuerte y musculoso me enganchó por los hombros y me condujo rápidamente a un rincón del vestíbulo.
Quise gritar, pero esa mano fuerte se aseguró de que no lo hiciera tapando mis labios con la palma de sus manos mientras intentaba escapar de esa persona.

Cuando por fin salí de entre esos fuertes brazos y darme la vuelta para ver quien era esa persona anónima...y entonces lo vi.

J: ¡Pero qué haces pedazo de imbécil, menudo susto me has dado! -dije con furia.
P1: Vaya, no pensaba que la gran Jannie Lane tuviera miedo de la oscuridad -dijo con un tono de burla.
J: Ja, ja, ja...eso es completamente mentira. Yo no le tengo miedo a nada.- dije con chulería.
P1: Pues a pesar de tu temblor y tus gritos pensaba lo contrario.
J: A ver Dylan, ¿que parte de "no le tengo miedo a nada" no has entendido? -le grité.
D: Vale, lo siento -dijo agachando la cabeza. Sólo quería darte una sorpresa. -dijo mientras se le ponía una sonrisa encantadora en la cara...y por dios, que sonrisa.
J: De acuerdo, no pasa nada. Pero como vuelvas a tocarme otra vez así te aseguro qu...-intenté terminar la frase cuando de repente sentí sus labios sobre los míos. Saboreándolos cual dulce néctar y al que correspondí. Pero al segundo volví a la realidad, y sin pensarlo le di un fuerte bofetón en la cara, hasta que salí corriendo de ese oscuro lugar.

D: No te me vas a escapar, Jannie Lane -dijo con una sonrisa pícara.

Conseguí llegar hasta los aseos. No había absolutamente nadie, cosa que agradecí. Necesitaba estar en esos momentos sola.
Me apoyé en la barandilla donde estaban los lavabos con la cabeza baja, abrí el grifo y me lavé la cara, así queriendo conseguir quitar esos pensamientos de lo anterior ocurrido con Dylan. Me miré en el espejo durante unos segundos.
¿Por qué ese tipo me había besado? Sus labios carnosos sobre los míos, sus manos rodeando mi cintura...y por favor, cómo besa.
¿Por qué a mi? Teniendo a todo un séquito de mosquitas muertas detrás de él...tenía que ser yo.

J: Tranquila Jannie Lane, seguro que todo esto ha pasado por causa de la emoción del momento. Con The Beatles a pocos metr...dios mío, y yo aqui metida todavía en el baño -pensé mientras salía corriendo de los baños.

Llegué hasta las gradas. Y divisé a lo lejos donde se encontraban Lucy y Lilly. Una imagen tierna vino sobre mi cabeza al verlas, las dos abrazadas llorando mientras tarareaban All My Loving. 
Sin dejar de mirarlas, me dirigí hacia mi asiento. El día estaba siendo una locura; el plan de Lucy, el concierto, el inesperado beso...¿qué más quedaría?



16 de julio de 2013

Cap. 4. El concierto

Dejé a Lucy en su casa. El plan estaba hecho y no había nada que perder.
Me fui caminando sola a casa. Y allí, frente a la puerta, me encontré con Dylan. Íbamos a la misma universidad, era el popular, el que traía locos a todas las chicas. Vamos, el típico galán de la universidad que salía con la más guapa de las animadoras. Pero menos mal que eso pasaba en las películas americanas ¿o no?. - reí.

No me detuve a mirarle. Bajé la vista para buscar las llaves de casa en los bolsillos de los pantalones de pitillo que llevaba. El silencio se apoderó de aquel momento, hasta que me atreví a decir.

J: ¿Qué haces tú aquí, en mi casa? -le dije sin ningún escrúpulo.

Él agachó la mirada. No me daba muy buena espina.

D: Bueno, sé que The Beatles dan un concierto hoy en la ciudad y me preguntaba... -contestó.
J: No te preocupes, lo sé todo. Tengo MI entrada. Y ahora si no tienes nada más que decirm..-no me dejó terminar y dijo.
D: ¡JODER, QUÉ BORDE! -gritó. Tan solo había venido a pedirte que si...que si te apetecía acompañarme al concierto -dijo casi susurrando.

Me quedé asombrada ante la propuesta. El chico más guapo y popular de la universidad diciéndome a mí, a Jannie Lane, que fuera con él al concierto.

Bajé de la nube en la que me había subido durante un momento, y le contesté.

J: Lo siento, ya voy a ir acompañada de alguien. -dije.
D: Entonces...bueno...¿te veré allí entonces? -preguntó algo nervioso y con un poco de timidez.

Me volví a abrir la puerta de mi casa mientras que Dylan se marchaba. Algo dentro de mí me decía que le hubiera podido decir que sí a la propuesta de aquel chico tan guapo, popular...pero a la vez era la persona más egoísta, rastrera y idiota de toda la universidad.
Me giré con disimulo y vi cómo Dylan se subía en su coche, totalmente nuevo. Se lo habría regalado su padre, puesto que era dueño de una famosa marca de automóviles. Niños de papá, qué suerte.
Vi algo en su rostro al subir al coche. Pero no quise hacer mucho caso. Entré al final en casa.

Mi madre seguía, como siempre, escuchando esa dichosa novela en la radio. Así que, directamente, subí a mi cuarto.

Ya eran casi las 19.15. Así que empecé a arreglarme para el concierto.

Cogí la primera camiseta que vi, unos pitillos de color negro y un cinturón a juego, y unas sandalias que tenía sin estrenar. Me miré por un momento en el espejo que tenía en un rincón de la habitación.

No me lo podía terminar de creer. Un concierto. UN MALDITO CONCIERTO. De ellos, las cuatro personas que cada día me hacían más feliz, y que este día, era eternamente el mejor de todos ellos.

Seguía contemplándome en ese espejo, subida en una nube. Y no pude evitar pensar en lo ocurrido hace menos de una hora. Dylan...¿qué le trajo a ese ser egoísta hasta mi casa para pedirme que fuera con él, si...CON ÉL, al concierto de The Beatles, cuando tenía a toda mujer bajo sus pies? -me dije a mi misma.

Sonó el timbre. Era Lilly. Supongo que vendría a recogerme para ir cuanto antes a hacer cola para el concierto. Subió a mi cuarto.

L: ¡Jannie...estás...estás preciosa! -dijo casi gritando de la emoción.
J: ¿Tú crees? -dije.

Lilly se detuvo a observarme más detenidamente.

L: ¡Jamás pensé que fueras tan preciosa, me das envidia! -gritó.

Se hizo de nuevo el silencio.

No estaba segura si debía hacerlo, si debía contarle a Lilly, mi mejor amiga desde la infancia, la persona en la que más confiaba, que Dylan había estado allí, en mi casa...Y QUE ME HABÍA PEDIDO IR CON ÉL AL CONCIERTO.
Por un momento, dudé. Pero lo hice. Debía de hacerlo.

J: Lilly...tengo que contarte algo. -susurré.
L: Vamos...suelta por esa boquita, me tienes intrigada con esa cara que se te ha quedado. -dijo con tono de burla.

Le conté a Lilly todo. La pequeña conversación que tuvimos delante del portal de mi casa. Lo que me propuso, y cómo le rechacé.
Al principio, ella no se lo creía. Las dos pensábamos lo mismo de esa persona, de ese ser cruel y egoísta, pero a la vez había algo que le hacía encantador. Ya por eso es por que tenía a todas las chicas rendidas a sus pies.

J: Bueno, olvidémonos de todo. Tengo todavía que ir a recoger a alguien. Forma parte de un plan. -dije mientras iba a por mi cazadora de cuero para salir de casa hacia el paraíso...el concierto.


Lucy estaba en su casa. Nerviosa, ya que era la primera vez que hacía esto, mentir, mentir a sus padres, desobedecerlos. Sabía que si la pillaban su castigo iba a ser duro, no salir en lo que le queda de vida de casa.
Oyó como su madre la llamaba desde bajo de las escaleras para que bajara a cenar. Y así hizo. Así comenzaba el plan. Y pasaba a la acción.

Una vez la familia estaba sentada, y la comida en la mesa, le vinieron muchas cosas a la cabeza. El miedo la tenía aterrorizada. No era capaz de hacerlo, pero tenía que hacerlo. Tenía que ver a aquellos cuatro chicos, era una única oportunidad, ya que después se marcharían a diversas ciudades europeas lejanas de su querido hogar, Inglaterra.

El estómago empezó a revolverse. No sabía que decir, ni como hacer. Pero algo le dijo que era hora de hacerlo.

L: Mamá...creo que no voy a cenar hoy. Me encuentro terriblemente fatal. -mintió. Me voy a la cama, por favor, no me molesteis en toda la noche. Sé cuidarme sola, lo prometo. Se me pasará. -dijo agachando la mirada y yendo hacia su cuarto subiendo las escaleras. Mientras, una gran sonrisa leve se le dibujaba en la cara. Ahora, sabía que venía lo más difícil.

Sus padres parecieron no hacerle mucho caso. Al fin y al cabo parecían algo cansados. El padre de Lucy trabajaba media jornada en una fábrica y en su tiempo libre se ocupaba a hacer de manitas en la casa, o se iba con sus amigos al pub que estaba a una manzana de su casa.

Se vistió rápidamente. Eran las 19:55 y Jannie estaría a punto de llegar.
Mientras esperaba, se sentó en un borde de la cama. Se acercó un momento a la estantería, y cogió un libro con una tapadera de terciopelo de color lila. Su tacto era suave, y por lo que parece, era bastante importante para ella.
Lo cogió y lo acarició, mientras unas lágrimas asomaban por sus ojos.

De repente se oyeron unos golpecitos en la ventana. Se asomó. Era Jannie, que estaba tirando piedrecitas a la ventana para avisar que ella estaba allí, y que bajara para ir cuanto antes a hacer cola.
No estaba muy segura de mi misma. Era una auténtica locura. Me agarré bien fuerte, salté al árbol que gracias a todo, estaba muy pegado a mi ventana. Trepé hasta el tronco principal, y bajé. Ahora todo había pasado. El miedo...ahora todo era ilusión en su cara, deseo...deseo de poderlos tener cerca, tenerlos tan cerca y a la vez tan lejos. Pero no le importaba.

J: ¿Ves? No era nada, tonta. Ya está todo hecho. -le señalé mirando hacia otro lado y encendiéndome un cigarro antes de el concierto, ya que iba para largo toda la noche.
Li: Bueno ¿a qué esperamos? ¡Los cuatro chicos más famosos del mundo nos esperan para verlos! -gritó Lilly.

Lucy parecía algo tímida, pero simpática a la vez.

Durante el camino fuimos hablando de nosotras, de la vida en la universidad, de la cantidad de exámenes que se nos avecinaban...hasta que sacaron ese dichoso tema, los chicos.

Dylan, Dylan y más Dylan. Se le va a gastar el nombre de tanto decirlo. Retrocedí unos pasos, dejando que las dos, Lilly y Lucy, fueran delante hablando de aquel tipo, además, se acababan de conocer. Estaba completamente en una nube, era oír ese nombre y venirse todo el mundo encima. Pero no porque me causara algún tipo de sentimiento agradable ¿o sí? quizás no quería reconocerlo. Toda clase de preguntas asaltaron a mi cabeza cuando noté que alguien me seguía. Pero no hice mucho caso y volví con las chicas.

Una vez en la cola, sacamos las entradas. Las dimos al encargado que estaba en la puerta. Y entramos dentro del estadio. Buscamos un buen lugar, donde los pudiéramos ver bien, e incluso escucharlos en cierta manera, aunque sus conciertos eran más conocidos por los gritos del público que por su propia música.

Aún quedaban como unos 7 minutos para que salieran ellos. Lilly y Lucy seguían hablando de los mismos temas que antes, cuando veníamos hacia aquí.
Así que les dije que iba un momento a comprar unos refrescos al mini kiosko que habían abierto dentro del estadio. Les pregunté si querían algo, y me pidieron un par de refrescos para ellas.

Fuí al kiosko. Pedí los kioskos, y justo antes de ir a pagar, una figura masculina, de la misma edad que yo se posó a mi lado, con su mirada atenta a mí. Fui a pagar, pero entonces ocurrió...me giré, lentamente, y era él, Dylan.
Y efectivamente, pagó antes de que yo lo hiciera.

D: Invito yo a esta señorita tan guapa, tome...cóbreselo de aqui. -dijo entregándole unas cuantas monedas.
Nos quedamos mirándonos el uno al otro. Sin saber que decir. Sin pronunciar ni una mísera palabra.
Una leve sonrisa se dibujó en mi cara, como dándole las gracias por ello.
Volví a mi sitio, con las chicas. El público estaba casi enloqueciéndose, y eso que aún no habían salido ellos. Pero estaba llegando el momento, en escasos segundos ellos estarían ahí, justo enfrente de nosotras, dándolo todo, dándonos su música, su emoción...haciendo latir miles y miles de corazones al mismo tiempo. Porque solamente, en este mismo momento, solo podían hacerlo cuatro personas en todo el mundo; John, Paul, George y Ringo.






P.D: Quise poner en este capítulo ya todo el concierto, pero me pareció excesivamente largo, y por eso he decidido partirlo en dos partes. El próximo capítulo ya será todo el concierto, y a partir de ahí, la base de toda la historia. Espero que os haya gustado y siento de veras haber tardado tanto en escribir otro capítulo. 

3 de mayo de 2013

Cap. 03 El plan.

Y llegó el gran día.
Más o menos había pensado lo que íbamos a hacer para que Lucy pudiera ir al concierto.

El concierto era a las 20.30, así que teníamos poco tiempo para planear la salida. Después de comprar la  entrada acompañé a Lucy hasta la puerta de su casa. En verdad la acompañé porque me pillaba de camino de vuelta a casa.

J: ¡Hasta mañana, Lucy! -exclamé.
L: Hasta...mañana. -suspiró Lucy.

No podía creerlo. Tenía una maldita entrada para ver en directo a los cuatro chicos más fantásticos del mundo. En vivo y en directo, a pocos metros de mí.

Llegué a mi casa.
La vieja radio de mi madre estaba sonando. Escuchando la misma novela de siempre.

A todo esto, mi madre aún no sabía nada del concierto. Decidí decírselo.

J: Mamá, verás...The Beatles dan un concierto...en la ciudad...y...-intenté explicarle.

No me hizo caso.

J: Bueno, no me esperes mañana para comer.

Subí a mi cuarto. Y como siempre, me aislé de todo el planeta. Cogí mi guitarra, y me quedé tocando hasta tarde.

A la mañana siguiente fuí a casa de Lucy.

Llamé a su puerta. Su madre abrió.

Madre: ¡Hola! Tu debes de ser la nueva amiga de Lucy ¿verdad? -dijo con una gran sonrisa en la cara.
J: Muy buenas, sí..bueno..eso debe ser. ¿Está Lucy?
M: Adelante, pasa. Ella está arriba, en su cuarto.

Subí.

Lucy tenía una casa totalmente distinta a la mía. Más hogareña. Más...familiar.
Me recibió en su cuarto.

Era fantástico. Estaba empapelado de recortes de revistas con fotos de The Beatles. Con una vieja foto suya de cuando tenía 5 años vestida como Audrey Hepburn en Desayuno con Diamantes.
En una esquina tenía un pequeño tocador con un gran espejo. ¡Qué vintage!

J: Buenos días, Lucy! -le dije mientras le daba un abrazo.
L: Preocupada Jannie, no puedo más..¡VOY A EXPLOTAR!..¿Has pensado algo? -me dijo con un tono preocupante.
J: Tranquila, lo tengo todo pensado. Esta noche, a las 8.00 te paso a buscar bajo tu ventana.
L: Y...y..¿y yo?¿qué hago?
J: Tan solo tienes que fingir que estás enferma. Que te vas pronto a la cama y que quieres estar sola, sin que te moleste nadie. Entonces, es cuando pasaremos a la acción. 

Este plan era un poco complicado. ¿En qué cabeza cabe que baje una persona desde un segundo piso por un árbol hasta el suelo? Solamente a mí, la gran Jannie Lane, experta en escapar del mundo que me rodea.

L: V..vale. Está bien pero ¿y mis padres?. -preguntó.
J: Ese es el plan. No van a molestarte para nada.-contesté con total seguridad.

Se hizo la hora de comer.

J: Vamos, te invito a comer al centro. -dije.
L: Ok, entonces...que sea lo que The Beatles quieran...-suspiró saliendo de su habitación.

Fuimos a comer a un Fish&Chips nuevo que habían abierto en el centro de la ciudad. El reloj iba avanzando. Al terminar, cada una nos fuimos a nuestras respectivas casas, pero Lucy se detuvo ansiosa ante un escaparate de confitería donde unos dulces y recién hechos croissants se sobresalían de aquel escaparate y entró de inmediato a comprarselos. Dentro había una cola tremenda.

Mientras, yo me quedé fuera esperando. Me encendí un cigarro.

Lucy salió. Y volvimos a casa.
Ahora tan solo quedaba esperar la hora exacta para comenzar nuestra fuga.
Nuestra fuga hacia el paraíso.